Como se revisó en el capítulo introductorio se define que es la desafección política, incluyendo sus niveles de medición y características propias de este comportamiento, sin embargo, hacen la salvedad que muchas actitudes deberían ser tratadas de forma independiente, esto en cuanto a lo conceptual y empírico.
Se
considera el análisis empírico de diferentes autores, dentro de ellos se
menciona lo realizado por Gunther y Montero, quienes realizan un estudio en una
serie de países de tres regiones del mundo en donde se menciona que se
encuentran pruebas que indican que las actitudes son conceptual y empíricamente
distintas, está actitudes que se mencionan son: desafección política,
descontento político y apoyo democrático. Siguiendo la misma línea de estudios
empíricos, se considera lo encontrado por Van Deth, quien se centra en la
distinción entre desafección y descontento político. Concluyendo que, tanto los
sentimientos de desafección están demasiado alejados de conceptos como la
deslealtad y la alienación.
Los
datos empíricos entregados por los autores que participaron en el libro se
alejan de la consideración que las democracias contemporáneas enfrentan una
crisis de legitimidad, más solo se limitan a la existencia de demócratas
desafectos o críticos, y que estos han aumentado en número y que han perdurado
en el tiempo. Y, que estos ciudadanos se caracterizan por poseer un apoyo
difuso a los ideales democráticos. Se desconocen los aspectos sociológicos de
los tipos de ciudadanos mencionados anteriormente, pero la información que se
posee obtenida desde lo empírico manifiesta la cambiante relación que tienen en
cuanto a la esfera pública. En este sentido, se conoce la valoración que hacen
a las instituciones y cómo es su nivel de escepticismo hacia las autoridades
políticas. Se hace hincapié en que este fenómeno no tiene una tendencia clara,
ni para las antiguas democracias, ni para las nuevas.
Se
plantea un panorama diferente para las nuevas democracias, esto en relación con
las actitudes de crítica y desafección que poseen los ciudadanos hacia los
elementos democráticos, siendo estos más marcados y que han tenido una
permanencia más constante en el tiempo. Así, se considera a los desafectos como
parte del paisaje político más reciente.
En
la búsqueda de factores que expliquen los distintos niveles de desafección,
algunos autores coinciden en dos puntos importantes. El primero, la relación
entre capital social y desafección no es fuerte a nivel individual y tampoco es
similar en todos los países. Y, el segundo, es el efecto que posee la confianza
social en relación con las redes sociales de desafección política, siendo estos
últimos elementos básicos del capital social, es decir, el capital social y la
desafección política poseen un nivel de relación que dependerá del contexto
político.
Otro
punto relevante para la comprensión de los distintos hallazgos que realizaron
los autores de los diferentes capítulos es lo que sostiene Van Deth, que, al
intentar medir el efecto de la pertenencia a una serie de organizaciones con
relación a las actitudes de compromiso político, llega a la conclusión de que
esta relación es positiva, esta relación positiva solo no considera a las
organizaciones religiosas.
La
mayoría de las asociaciones no son relevantes, debido a que como es el caso de
los voluntariados, los intereses que se crean son mínimos. La excepción a esta
línea dice relación con las asociaciones de derechos humanos y los partidos
políticos, debido a que las posturas que se adoptan son más extremas. Quedando
claro que no todas las organizaciones tienen finalidades que permitan
desarrollar el capital social, y, por ende, tampoco tienen un efecto positivo
en lo relacionado con las actitudes de desafección política.
Adicionalmente,
resulta importante destacar lo que plantea Magalhaes quien indica un punto
importante en relación con la confianza y como esta es percibida por los
individuos. Esta percepción se centra en el actuar de las instituciones, es
decir que sus acciones sean equitativas, justas e igualitarias para todos los
individuos. Esto es transversal a todos los países, debido a que la mayoría de
las instituciones poseen un funcionamiento de larga trayectoria. Según este
autor, la confianza institucional es “un elemento de la cultura política que no
puede subsumirse ni en la legitimidad otorgada al régimen político en su
conjunto ni en el apoyo específico a los actores y autoridades políticas”.
Resulta cercana esta visión con lo que se considera en el enfoque
racional-culturalista cuando se afirma que la política y las instituciones
desempeñan un papel fundamental en la formación de las actitudes políticas,
como resultado de un proceso largo en donde se deberían respetar las normas
instituciones que son el inicio de la confianza al ver cómo se desempeñan
estas.
Las
consecuencias de la desafección política, en primer lugar, las relaciones entre
ciudadanos y el gobierno en las democracias más tradicionales, con esto se está
contribuyendo a aumentar niveles de responsabilidad de las autoridades
políticas y los asuntos públicos o a incrementar la participación política en
formas no convencionales.
Finalmente,
Mariano Torcal e Ignacio Lago revelan que en las democracias del sur de Europa
y Sudamérica la desafección política crea un distanciamiento hacia la política
y los asuntos públicos, creando un abismo que separa a los ciudadanos y los
políticos.
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